El Fondo Editorial Rionegrino (FER) fue creado en el año 1984 con el objetivo de financiar, difundir y promover las obras de los autores rionegrinos. Era la primavera democrática en la que el Estado necesitaba cerrar el hiato que lo distanciaba de la sociedad, en el que la dictadura militar había concluido. La manera inteligente con que el equipo del legislador Guillermo Yriarte fue desarrollando sus primeros pasos coronó con la asignación de organismo desconcentrado, plasmado en el decreto reglamentario. Esta impronta administrativa garantizó estructura, presupuesto propio y facultad de gasto adecuada a su funcionamiento pleno, hasta 1989. La hiperinflación y la orientación de medidas de emergencia económica llevaron a su  agotamiento, hacia 1992.

A partir de la sanción de la ley N° 3884/2004 se amplió su horizonte de publicaciones: artistas plásticos y visuales, músicos, investigadores, etc. Nuevamente el Estado necesitaba desandar el descrédito social en el que había caído por haber aplicado las recetas neoliberales de ajuste fiscal y recesión económica. En el año 2006 el Profesor Juan Raúl Rithner asume como Director normalizador, inicia un proceso de democratización y recupera el ritmo de edición. Pero a mediados del 2007 renuncia y se frustra una vez más la continuidad institucional. Con la inercia de su planificación y compromisos asumidos, el FER alcanzó a publicar casi 30 títulos en tres años. Luego sobrevino una suerte de intervención y subsunción de sus funciones editoriales en la por entonces Subsecretaría de Cultura provincial.

Por el año 2013 se inicia un proceso de trabajo y consultas que desemboca en la formulación de un reglamento consensuado para que, por fin, se cumpla lo estipulado por ley: que el cargo de Director/a del FER sea cubierto por concurso, abierto y público.

La actual gestión inició sus funciones el 10 de diciembre de 2015. Por entonces el FER no sólo era un organismo casi inexistente (sin espacio físico ni personal técnico, administrativo o de mantenimiento, mobiliario, computadoras, nada...), sino que además había desaparecido toda su documentación, expedientes, inventarios, balances antecedentes. No es este el espacio para desarrollar un balance de lo realizado hasta ahora porque, entre otras cosas, es poco serio evaluar un proyecto editorial antes de su meridiano desarrollo (entre cuatro y seis años, como mínimo). Pero sí puede ser el espacio para iniciar su conceptualización crítica y colectiva, desde la consideración del contexto.

En la provincia de Río Negro residen escritores de calidad que reflejan y recrean la particularidad regional, conformando una unidad en la diversidad. También se recrea un público potencialmente receptor, diverso en sus edades e intereses, plural por antonomasia, tal vez algo periférico pero accesible. Simultáneamente, la disponibilidad de nuevas tecnologías de la información y comunicación van creando mayores oportunidades para mejorar los servicios públicos, permitir un mejor acceso a la información y aumentar la participación ciudadana.

Sin embargo, prácticamente nunca ha funcionado un circuito específico que habilite el encuentro de autores y lectores locales y/o regionales. Han sido muy pocas las oportunidades en que escritores noveles alcanzaron al público en forma masiva. Tampoco ha existido una empresa editorial profesional establecida, sino varios pero esporádicos emprendimientos privados o municipales de alcance estrictamente local que funcionan al servicio del autor para poder ser publicado.

En estas circunstancias el Fondo Editorial Rionegrino podría devenir en política de Estado, con la potencialidad que le asigna su carácter de organismo desconcentrado. Esta habilitación debería poder ser reasumida con potencia, responsabilidad y grandeza en el marco de las políticas públicas provinciales.

Las políticas públicas pueden ser consideradas como unidad de análisis de la gestión de un gobierno y, en términos más generales, del sector social que predominantemente representa. Para gobernar en democracia se requieren cursos de acción que consideren los intereses, recursos, oportunidades y amenazas que afectan a los actores del campo, pero fundamentalmente la conciencia profunda de a quiénes servir. Una gestión de calidad no podrá nunca menos que tener una planificación clara, contenidos, instrumentos de implementación adecuados, instancias para la evaluación pública de sus resultados.

El proyecto en marcha en el FER es sencillo: consiste en producir un catálogo editorial consistente, valiéndonos de exhumar y aprender de la misma historia, poniendo énfasis en el proceso de post-edición, con el propósito de promover la identificación regional de las presentes y futuras generaciones. Hoy el FER da prioridad a convocatorias y concursos abiertos, edita autores rionegrinos y pone su obra en circulación, representa a todas las regiones provinciales en una unidad articulada, tiende a establecer una estrategia de cooperación de actores y a generar información adecuada al campo editorial provincial. De esta manera, busca la recuperación funcional de sus principios organizacionales en el recorte de circunstancias que nos tocan atravesar.

Hoy el FER es una editorial sin fines de lucro (cuyo propósito es contribuir a brindar el servicio de promoción de la cultura rionegrina), sus sueldos y mobiliarios corren a cargo de la Secretaría de Cultura provincial y su funcionamiento se encuentra enmarcado por las normas y controles que competen al conjunto de la administración pública. Es decir, este cuerpo de reglas, los recursos humanos y materiales disponibles, y el contenido específico a editar son los elementos que conforman nuestra estructura y cultura organizacional. Con ella la editorial brinda un servicio público (edición, corrección, diseño, comercialización y promoción de la obra) y un producto. Este producto busca satisfacer un deseo, una necesidad o una demanda. La edición eficaz puede satisfacer esta demanda, pero también puede inducirla.

El desafío de la hora es poder afianzar una organización pública que permita editar, promover y difundir la literatura rionegrina, en sentido amplio, tanto en nuestra provincia como más allá de sus fronteras. No son pocos sus detractores que, ocultando sus oscuros intereses, conspiran de diversas maneras contra su funcionamiento pleno o pergeñan su deriva institucional (considerándolo una simple industria cultural capitalista). Otros, desde la ignorancia propia de quien subestima o desde la simple pero siempre mal sustanciada envidia, también obstaculizan su consolidación. Pero mucho mayor es el trabajo organizativo, el compromiso y el afecto que brindan los más diversos grupos sociales que poseen la conciencia y se encuentran implicados en esta histórica misión.

El libro (en cualquiera de sus soportes) es un bien común de uso público, su acceso debe ser un derecho popular. El FER, como instancia socio-institucional para viabilizar este derecho, es una política de Estado que el pueblo rionegrino, con mucho esfuerzo y paciencia, está recuperando.